Renovar el pasaporte en México

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Aun recuerdo la sensación de angustia que me entró al descubrir que mi pasaporte llevaba meses caducado. ¿Qué iba a hacer yo ahora? ¿Y si tenía que viajar de urgencia? ¿Donde tenía que ir? ¿Tendría toda la documentación necesaria? ¿Cuánto tiempo tardaría en renovarlo? Estas dudas y todo tipo de pensamientos negativos martillearon mi cabeza durante unos instantes. Lo peor de todo es que esto suponía un duro golpe a mi maltrecha economía. Comencé mi búsqueda en Google.

Lo primero que supe es que tenía que viajar a Monterrey. Hay tres consulados generales en México y a mi me tenía que corresponder el más lejano. A mi y a cualquiera que resida en Baja California Sur. Saber a donde tenía que ir me alivió por unos minutos hasta darme cuenta que es imprescindible pedir cita y que ésta se concede a dos meses vista. Apenas sé que voy a hacer en la semana en curso y me resulta imposible organizarme con tanta antelación. En este paso decidí olvidarme del asunto por un tiempo.

Algunas semanas después me invitaron a una reunión que se celebraría en Xalapa con varios alcaldes recién elegidos. Pensé que sería bueno aprovechar la oportunidad y seguir viaje a Monterrey. Fue entonces cuando comprendí que no lo podía aplazar el trámite por más tiempo. Entre los requisitos para poder renovar el pasaporte me pedían “Original y 2 fotocopias de documentación vigente que acredite su legal estancia en México” y mi documento de migración caducaba el 11 de noviembre y la reunión estaba programada para el 4 de ese mismo mes.

Me puse manos a la obra y recopilé toda la documentación, rellenando formularios, sacando fotocopias y poniendo mi mejor cara para las fotografías que tendría que mostrar en las aduanas durante los próximos años. Todo iba bien hasta que recordé que hacía falta tener cita previa y ésta me era asignada para mediados de diciembre. ¿Y ahora qué? Si esperaba no podría justificar mi legal estancia en México. Los trámites en Migración los realizaría a mi regreso y para que me fueran concedidos me exigían tener el pasaporte en regla. Era la pescadilla que se muerde la cola. El miedo se apoderó de mi y ahora Google no podía ayudarme.

Google no, pero José Manuel sí. Sin pensármelo dos veces escribí a José Manuel Ramírez Arrazola, el Cónsul General de España en Monterrey. Le conté mi caso y le pedí que, por favor, hiciera lo posible para cambiarme cita al jueves 7 de noviembre.  Me respondió que haría lo que estuviera en su mano pero que no le resultaría sencillo conseguirlo.

Antes de que me diera una respuesta definitiva tenía que sacar los billetes de avión. Volaría el 2 de noviembre a DF para seguir camino por carretera a Xalapa. Volaría de Veracruz a Monterrey el día 7 a primera hora de la mañana para regresar a San José del Cabo ese mismo día por la tarde. La suerte estaba echada.

Así se lo hice saber al Consulado. El 30 de octubre me respondieron que de forma excepcional accedían al cambio. Pensé que podía respirar tranquilo pero no fue así. Mi cuerpo pasó factura. La tarde del 1 de noviembre caí enfermo. Cuando regresé a casa una semana después y acudí al médico me diagnosticaron bronquitis. Dos meses más tarde todavía me estoy recuperando. El miedo es una emoción muy poderosa y a mi me castigó por dejar de pensar que todo saldría bien. Todo pasa y de todo se sale. Lo importante es cómo lo hacemos.

Carlos Belmonte

Carlos Belmonte Real ha estado desarrollando nuevos negocios e iniciativas empresariales desde 1998, primero en España y más tarde en Turquía y ahora en México. Inició su carrera profesional gestionando derechos audiovisuales como coordinador de licencing y merchandising. Es experto en desarrollo de negocio, responsabilidad social corporativa y gestión energética.