Inicia en cero…

PemexHoy pagué 400 pesos por solo 3.2 litros de combustible. Pusieron solo 40 pesos. Me dijeron eso de “inicia en cero” pero ahora sé que eso no es lo importante, importa donde acaba.

Pasar por la gasolinera es un acto que realizo con frecuencia y al que suelo prestar atención. Me gusta bajarme del carro a indicar la cantidad y calidad. Pido que me revisen los niveles o me hinchen los neumáticos. Luego me quedo mirando como los litros que se contabilizan en el surtidor son cada vez menos, pero hoy me acompañaba mi hija y la atención se la presté a ella.

En todo el tiempo que llevo aquí en Los Cabos nunca había tenido problema alguno, todo lo contrario. Siempre me han servido correctamente y me han ayudado en lo que he necesitado. Es una pena que la acción de unos pocos ensucie la imagen del colectivo.

De nada ha servido volver a la gasolinera al darme cuenta. De nada ha servido hablar con el empleado, quejarme al gerente o explicárselo al encargado. Todo esto sucedía pasadas las doce del mediodía. La solución que me han dado era esperar a que hicieran el cierre a las dos de la tarde y ver si al empleado le sobraba dinero. El acusado iba a ser el juez en el conflicto.

Según las Leyes de Murphy todo es susceptible de empeorar y así fue. A las dos me presenté en la gasolinera. No me hicieron ni caso hasta que me hice notar. Entonces me dijeron que tendría que esperar hasta las tres.

Mi ira ha ido en aumento. A las doce fue perplejidad. A las dos se convirtió en enojo. Ya a las tres se transformó en cabreo e impotencia. Ha sido tanta energía negativa que he acumulado que una hora más tarde, después de comer, la computadora ha empezado a darme problemas, aunque en realidad me estaba dando una lección. A partir de ese momento he ido tomando conciencia hasta que por fin he leído el inicio de un correo de la bandeja de entrada donde la computadora se había quedado congelada. El texto dice así:

“No todo es como quisiéramos que sea, y gran parte del problema es que nosotros no aceptamos que la realidad sea diferente a como nosotros nos gustaría que sea, y la rechazamos, nos revelamos, pataleamos, nos enojamos, buscamos respuestas, le damos vueltas y más vueltas intentando de que encaje en nuestros particulares guiones de deseos e ilusiones de nuestro ego. La realidad es lo que es, y por más que tratemos de adaptarla a nuestras creencias y deseos, no se adaptará.” Es parte del último artículo de Morféo de Gea publicado en su blog Detrás de lo aparente, que os recomiendo. Son casi las diez de la noche y he de hacer balance. ¿Qué es lo que he aprendido con todo esto?

  1. Que no puedo confiar en que el prójimo actúe de la forma en que yo lo haría.
  2. Que no hay límite a lo mal que pueden salir las cosas.
  3. Que el mayor perjudicado de mi baja vibración siempre soy yo mismo.

No quiero terminar este artículo sin mandar un saludo a las personas que me atendieron en la gasolinera, la que está al inicio de la Avenida Centenario, casi bajo el puente de Camino Cabo del Este. Saludos a Gonzalo Gámez, el empleado que cobró los 400 pesos. Saludos a Luis Enrique Morales, el encargado que no supo ni quiso resolver el problema. Y saludos, por último, a Héctor Armenda el gerente que, como Poncio Pilatos, se lavó las manos y se desentendió de un cliente al que habían engañado.  

PD 1: A los pocos días regresé a la misma gasolinera. Un empleado me indicó que durante los siguientes días la PROFEPA se presentó e hizo una inspección. Es bueno saber que están atentos a estos incidentes.

PD 2: El mismo empleado me aseguró que el encargado ya no trabajaba allí. Es una pena que se tuviera que llegar a ese extremo.

Carlos Belmonte

Carlos Belmonte Real ha estado desarrollando nuevos negocios e iniciativas empresariales desde 1998, primero en España y más tarde en Turquía y ahora en México. Inició su carrera profesional gestionando derechos audiovisuales como coordinador de licencing y merchandising. Es experto en desarrollo de negocio, responsabilidad social corporativa y gestión energética.